domingo, 2 de diciembre de 2012

EL ÚLTIMO BANQUETE DE CAECILIUS VALLIANUS




En el museo Gregoriano Profano del Vaticano, con el número de inventario 9538/9539, se encuentra un hermoso sarcófago del s. III d.C dedicado a P. Caecilius Vallianus cuya inscripción nos informa que se trataba de un militar que perdió la vida a los 64 años. 
 
Su sepulcro será motivo de nuestro estudio en esta ocasión por la escena que hay representado en el frontal del sarcófago.

Se trata de un relieve que muestra un banquete funerario, en que Caecilius es el protagonista rodeado de su familia. Este tipo de sarcófagos de mármol cobraron importancia en el siglo II d.C cuando se pasó de la cremación a la inhumación.

Era frecuente que los romanos, con cierto poder adquisitivo, solicitaran estos sepulcros en los que se representaban diferentes iconografías, entre ellas los banquetes en los que como protagonista de la escena eran un hombre o una mujer e incluso a la pareja recostada sobre un lecho.

INSCRIPCIÓN FUNERARIA

En la tapa del sarcófago se lee el nombre del ocupante que, como ya hemos mencionado, era Publius Caecilius Vallianus. 


La inscripción presenta la estructura típica de una inscripción funeraria, con fórmulas y abreviaturas que se repetían en todas ellas.

-           D.M.S (en latín: Dis Manibus Sacrum: consagrado a los dioses Manes que son las divinidades que representan las almas de los muertos)
-           Nombre del fallecido.
-           Cargo u ocupación.
-           Edad del muerto, incluso especificándose meses y días.

Era normal que también se detallara, aunque no en nuestro caso:

-           Nombre del pariente que encargaba la lápida.
-           Alguna frase afectuosa.
-           H.S.E (en latín: Hic situs est: aquí está enterrado) o S.T.T.L (en latín: Sit tibi terra levis: que la tierra te sea leve).


DESCRIPCIÓN DE LA ESCENA


 En el centro de la escena destaca por su mayor tamaño, un hombre tumbado en su lectus, sobre los típicos cojines, cubrecamas y colchones (pulvini). 
Recostado a la sinistra, presenta el brazo izquierdo apoyado sobre un almohadón, en su mano izquierda lleva algo, quizás una guirnalda que acerca hacia el plato que hay sobre la mesa. Por el contrario el brazo derecho (que está bastante deteriorado) se encuentra levantado para poder comer con la dextra como indicaba el protocolo. No obstante nos llama la atención que esté tocando con la mano izquierda la comida, hecho bastante extraordinario pues era considerado un mal augurio.


 Ante él, la típica mesa circular con tres pies (cilliba) sobre la que se colocaban los alimentos ya preparados para ser consumidos, en concreto se ve un plato con un pescado largo que es difícil de identificar.
De la mensa nos habla Varrón, L L, 5, 118: “A la mesa de comer solían llamar cilliba: tenía forma cuadrada …más tarde se hicieron redondas, debido a que entre nosotros es media (ocupa el centro) y entre los griegos μετα, puede denominarse mesa. Pero su nombre también puede explicarse por el hecho de que, a la hora de la comida, la mayor parte de los platos se servían dosificados (mensa)

Era normal que en la mesa central jamás faltara el salinum (salero) y el acetabulum (vinagrera) que simbolizaban la hospitalidad del anfitrión en el banquete.

Son muchos los personajes que acompañan a Caecilius. A sus pies, se observa una mujer sentada en una silla de mimbre. Elegantemente vestida y peinada, podría ser su esposa que tañe un instrumento musical de cuerda,  pandurium.

La costumbre de que las mujeres se sentaran a los pies del marido era muy antigua como podemos leer en Isidoro, XX, 11, 9:Más tarde, los hombres comenzaron a acostarse para comer, mientras que las mujeres continuaban haciéndolo sentadas ya que se consideraba una desvergüenza el que la mujer se tumbase”.
Servio, Ad Aen. 1 nos habla en el mismo sentido:sólo el  pater  familias tenía derecho a estar recostado, la madre se sentaba a los pies del lecho y los niños en sillas o escabeles”. Al igual que Valerio Máximo, II, 1,2: Las mujeres cenaban sentadas, mientras que los hombres lo hacían recostados. Esta costumbre pasó de la mesa de los mortales a la de los dioses”. En consecuencia el hecho de representar a su esposa sentada refuerza la idea de ser una matrona decente y digna de acompañarle en su otra vida.

Numerosos esclavos completan la escena a modo de procesión, unos portan exquisitos manjares, otros proporcionan bebidas en jarras. Estos sirvientes llevan largas melenas que caen sobre sus hombros y van vestidos con túnicas que llegan hasta la rodilla. Era frecuente el empleo jóvenes muy hermosos e incluso de origen sirio, alejandrino, frigio, licios, etc. para servir la mesa como bien nos muestra la imagen. Así lo leemos en Séneca, Epístolas, 95, 24:paso por alto a todos aquellos grupos de adolescentes clasificados por naciones y colores, en forma que los de cada fila tengan el mismo brillo, la misma cantidad de vello, el mismo color de pelo y que no se mezclen los de cabellera rizada con los de la lisa

Se puede ver que tres de ellos sirven platos de gran valor, a la derecha uno sujeta un plato con un pollo y  junto a él otro esclavo lleva quizás un cochinillo. A la izquierda, otro siervo lleva un pastel que es difícil de identificar.


Detrás de la mujer sentada se pueden apreciar esclavos que llevan una jarra con perfume o vino. También se observa la presencia de esclavos que trasladan unos aguamaniles para la limpieza de las manos.

A los pies de los esclavos se pueden ver algunos animales vivos, a la derecha  una liebre, sujeta por un esclavo, a su vez unas aves que están picoteando e incluso una está con su cabeza en una pátera.
 
Debajo del lectus se ven tres niños, dos de ellos, uno sentado en un escabel, juegan con un perrito, mientras que el tercero parece que se está aproximando para unirse a ellos. Al igual que las mujeres,  los niños y los que estaban de luto se sentaban en una mesa aparte, como nos narra Tácito, Anales, 13, 16 en este fragmento: “Era costumbre que los hijos de los príncipes comieran sentados con los demás nobles de la misma  edad, a la vista de sus allegados y en una mesa propia y más frugal”
 

También leemos la misma idea en Suetonio, Claudio, 32 cuando habla de los niños:”Con frecuencia organizó espléndidos festines en parajes inmensos, y de ordinario tenía hasta seiscientos convidados. Cierto día hizo servir, junto al canal de desagüe del lago Fucino, uno de estos festines, viéndose en peligro de perecer bajo las aguas, que habían irrumpido inesperadamente. Sus hijos asistían a todas sus comidas, y con ellos, los nobles jóvenes en ambos sexos, según antigua costumbre, comían sentados al pie de los lechos

Completan la escena unos músicos, a la izquierda se puede descubrir un dialós.

Sobre el protagonista del sepulcro y en el centro de la escena se ven unos amorcillos con guirnaldas y cestas de flores. La representación de cestas llenas de flores y unos árboles a los lados del sarcófago nos indican que se trata de una escena al aire libre.

El lujo que envuelve toda la escena del alto relieve, el gran número de esclavos, la comida servida,… nos hace entender la posición elevada del difunto que no se ha hecho representar en una escena de convivium con otras personas como se puede ver en otros sepulcros, sino que él es el centro de atención y  todo gira a su alrededor.

Desde el punto de vista técnico llama la atención la utilización del horror vacui que nos habla del aprovechamiento al máximo del espacio. A su vez, nos encontramos ante una escena que pretende recrear la profundidad, con figuras superpuestas formando filas. Todas las acciones se muestran al espectador como haciéndole partícipe del banquete.

Es una escena realista pero no idealizada, propia del arte escultórico romano.

Plurimam salutem!

*Imagen del sepulcro extraída de este enlace de internet

4 comentarios:

Marcelo Nóbrega dijo...

me encanta tu blog! Siempre leo las entradas y rara vez comento, pero en esta ocasión me pareció oportuno felicitarte. ¡Saludos!

Charo Marco dijo...

Hola Marcelo, muchas gracias por tu comentario.

Me alegra mucha saber que te ha gustado la entrada.

Gracias de nuevo

Saludos

Anónimo dijo...

Un sarcófago que en poco espacio nos da mucha información sobre la forma de vida de los antiguos romanos tan bien llevado a los temas de este blog y que lo explicas magistralmente. Este sarcófago me recuerda a la lápida de otro militar, Cayo Julio Baso, aunque de ejecución más sencilla, en la que se aprecia también la cilliba y se muestra a Cayo reclinado en su lectus bebiendo plácidamente, hasta parece que observa al espectador serenamente desde la eternidad. Que no me convide…, que no me convide.
Viendo las últimas secuencias de la película “Gladiator” en la que el protagonista, ya difunto o en las postrimerías de su vida, abre una puerta a aquello que le era familiar, no podía dejar de pensar en la puerta entreabierta al Hades del sarcófago del Brillante (Córdoba), no sólo por la similitud de la situación sino también por la calidad de su iconografía y por todos los significados que se desprenden en su totalidad al igual que en este sarcófago.
Saludos.

Emilio

Charo Marco dijo...

Hola Emilio, eres muy amable.
Tienes mucha razón en lo que comentas. Conozco la lápida de Julio Baso y ciertamente nos mira con gran serenidad. No me había percatado de ello hasta que lo has comentado.

Gracias por tu comentario, como siempre muy interesante

Saludos