domingo, 9 de junio de 2013

CENA TRIUMPHALIS II



 
La semana pasada vimos cuáles eran las características del triunfo y de los banquetes que se celebraban en su conmemoración. 

En esta ocasión nos centraremos en cada uno de los dos tipos de banquetes en particular:

BANQUETE PARA LOS SOLDADOS Y EL PUEBLO

Como ya comentamos, era normal invitar a los soldados de ello nos habla Josefo, Guerra de los judíos, 7, 25:

”Vespasiano habló con todos comúnmente; envió los soldados al banquete que el emperador acostumbraba darles y partióse él hacia la puerta, la cual, por entrar siempre por ella toda la pompa de los triunfos, tiene por ello nombre”

Para conocer cuál fue la primera celebración del triunfo atestiguada en las fuentes  hemos de acudir a Dionisio de Halicarnaso, II, 34 que nos narra la realizada por Rómulo para festejar su triunfo:
“Tras tomar la ciudad de este ordenó a los capturados entregar sus armas, y, después de tomar como rehenes a los niños que le pareció, marchó contra los antemnates. Y como sus fuerzas estaban todavía dispersas recogiendo forraje, con un ataque inesperado, como en la anterior, se hizo dueño de ellas; estableció las mismas condiciones para los prisioneros y retiró su ejército a casa, llevándose despojos de los caídos en combate y el botín más escogido para los dioses, y realizó numerosos sacrificios con todo ello. Rómulo marchaba al final de la comitiva llevando un vestido de púrpura, una corona de laurel sobre sus cabellos y, para mantener la dignidad real, iba montado en un carro conducido por cuatro caballos. El resto del ejército, infantes y jinetes, lo acompañaba en formación, alabando a los dioses con cantos tradicionales y glorificando a su general con versos improvisados. Los que estaban en la ciudad les salieron al encuentro por ambos lados del camino junto con mujeres y niños, felicitándolos por la victoria y dándoles de todas las formas posibles la bienvenida. Cuando el ejército entró en la ciudad se encontró con crateras de vino mezclado y con mesas rebosantes de todo tipo de alimento, situadas delante de las casas más distinguidas, para que cogiesen quienes quisieran. Tal era la procesión de victoria con trofeos y sacrificio, que los romanos llaman triunfo, establecida por vez primera por Rómulo”

Como hemos leído era normal que los soldados encontraran a su disposición en las puertas de las casas importantes diferentes alimentos acompañados de vino.

En el mismo sentido habla Tito Livio, III, 29, 4-5: En Roma el senado, reunido por el prefectode la ciudad Quinto Fabio, dispuso que Quincio entrase triunfalmente en la ciudad con las tropas en columna tal como venían. Desfilaron delante de su carro los jefes enemigos, precedidos por sus enseñas militares; detrás el ejército cargado con el botín. Dicen que había un festín preparado delante de cada casa y que los comensales, entonando el canto de triunfo con las chanzas rituales, a modo de alegre cortejo marchaban detrás del carro”

Esa misma costumbre nos la relata Dionisio de Halicarnaso, V, 17, 1-2  en los funerales de Bruto tras su entrada triunfal en Roma:  

“Los más bravos jinetes levantaron el cuerpo de Bruto y, adornado con coronas como premio a su valor, lo llevaron a Roma en medio de muchas lágrimas y alabanzas. Salió a su encuentro el Senado, que había decretado honrar al general con una entrada triunfal, y todo el pueblo, que acogió al ejército con vino y comida”

Para conocer qué alimentos se servían podemos acudir a Ateneo que en su libro IV, 153 c nos habla de los banquetes públicos para celebrar el triunfo:  

“En efecto, se escancia vino mezclado con miel y la comida consiste en grandes panes, carne ahumada hervida y abundante carne asada de las víctimas recién muertas”

Varios son los banquetes triunfales que nos han transmitido las fuentes clásicas, pero algunos de ellos excepcionales como el que leemos en Plutarco, Vida de César, LV donde nos cuenta dos hechos interesantes:  el número de comensales participantes pues, además de acudir los soldados a la celebración, también estaba invitado todo el pueblo y la posterior lucha de gladiadores con la que deleitó a los comensales:

-  El festín que ofreció César al pueblo para celebrar su triunfo colocando veintidós mil triclinia, un hecho realmente espectacular teniendo en cuenta que en cada triclinio cabían tres personas y que la palabra triclinium supone un grupo de tres lechos alrededor de una mesa. 

Así pues, se podrían contabilizar unos 198.000 invitados: Enseguida de los triunfos hizo grandes donativos a los soldados, y captó la benevolencia del pueblo con banquetes y espectáculos, dando de comer a todos en veintidós mil mesas

- El banquete acabó con espectáculos en el anfiteatro : "y por lo que hace a espectáculos, los dio de gladiadores y de combates navales en honor de su hija Julia, que había muerto mucho antes”

Buen ejemplo de la conocida frase de Juvenal, X, 81 "panem et circenses".

Parece ser que no sólo era frecuente la celebración de espectáculos sino también el reparto de regalos, como bien nos cuenta Suetonio, Vida de César, XXXVIII que describe las actuaciones del general tras la celebración del triunfo: 

“Además de los dos sestercios dobles que, al comienzo de la guerra civil, había otorgado a cada infante de las legiones de veteranos a título de botín, dióles veinte mil ordinarios, asignándoles también terrenos, aunque no inmediatos para no despojar a los propietarios. Repartió al pueblo diez modios de trigo por cabeza y otras tantas libras de aceite, con trescientos sestercios que había ofrecido antes, añadiendo otros cien en compensación de la tardanza. Perdonó los alquileres de un año en Roma hasta la cantidad de dos mil sestercios, y hasta la de quinientos en el resto de Italia. Agregó a todo esto distribución de carnes, y después del triunfo sobre España, dos festines públicos, y no considerando el primero bastante digno de su magnificencia, ofreció cinco días después otro más abundante”

Sobre este reparto de comida podemos leer en Plutarco, Craso, 12, 2 : “Sin otra cosa notable que haber hecho Craso un gran sacrificio a Hércules, dando con ocasión de él un banquete al pueblo en diez mil mesas, y repartiendo trigo para tres meses a los ciudadanos”
Para terminar hacer mención a otro banquete del que tenemos conocimiento. Se trata del celebrado por Lúculo ofrecido no sólo a los habitantes de Roma sino también a todos los de las aldeas: Últimamente hubo banquete público y abundante para la ciudad y para los pueblos del contorno”. (Plutarco, Lúculo, 37, 2)

BANQUETE PARA SENADORES Y CABALLEROS

Además de la celebración a los soldados y el pueblo era normal invitar a un banquete para la élite. Para saber de sus características acudimos a Suetonio, Calígula, 17, 2 que nos comenta que era invitada toda la familia e incluso nos relata los presentes que entregó: 

“Concedió dos veces al pueblo congiarios de trescientos sestercios por ciudadano, y a los senadores como a los caballeros una comida suntuosa, a la que fueron también invitados sus esposas e hijos. En el último de estos festines, hizo distribuir a los hombres trajes para el Foro y cintas de púrpura a los niños y a las mujeres”

Con la lectura de Valerio Máximo, 2, 8, 6 deducimos que este banquete podía producirse la víspera del triunfo para no eclipsar el protagonismo del triunfador: 

”Era costumbre que, en la víspera de la celebración del triunfo, el general victorioso invitara a los cónsules a cenar; mas luego les rogaba que se abstuvieran de acudir para evitar que, en el día de su triunfo, participaran en un mismo festín personas con más categoría y poder que él”

La misma idea leemos en Plutarco, Moralia, 283 A:”De este modo, el día en que triunfa, nadie de mayor imperium que él ha de hallarse presente en el mismo banquete

“En otra ocasión él invitó a los hombres más destacados entre los senadores y los caballeros de la siguiente manera. Preparó una habitación que estaba completamente decorada en negro por todos lados, el techo, las paredes y el suelo. Había hecho preparar unos divanes desnudos del mismo color descansando sobre el suelo sin cubrir, y luego invitó a sus huéspedes por la noche sin sus asistentes.
Primero sentó a cada uno de ellos sobre una losa con forma de lápida, que llevaba el nombre del huésped y también una pequeña lámpara, como la que cuelga en las tumbas.
  A continuación, entraron unos hermosos niños desnudos, asimismo pintados de negro, como fantasmas, y después de rodear a los huéspedes en una danza impresionante, ocuparon sus puestos a sus pies. Después de esto, todas las cosas que normalmente son ofrecidas en los sacrificios a los espíritus de los difuntos eran igualmente presentadas ante los invitados, todas ellas negras y servidas en platos de un color similar. En consecuencia, cada uno de los invitados temía y temblaba pensando que su garganta sería cortada en cualquier momento. Domiciano hizo un silencio mortal como si ya estuvieran en los reinos de los muertos, pues hasta el momento, el propio emperador conversaba solamente sobre temas relacionados con la muerte y la masacre.
 Por último, los despidió, pero había retirado previamente a sus esclavos, que habían estado en el vestíbulo, y ahora dejó a sus huéspedes a cargo de otros esclavos, que ellos no conocían para que los transportaran en carros o literas, y por este procedimiento él les infundió un mayor miedo. Y apenas había llegado cada invitado a su casa y empezaba a recobrar el aliento de nuevo, si se puede decir, cuando un mensajero de Augusto llega a traerles un mensaje.
Mientras estaban esperando perecer esta vez en cualquier momento, una persona trajo la losa, que era de plata, y luego otros esclavos a su vez trajeron varios artículos, incluyendo los platos que se habían colocado delante de ellos en la cena, que fueron construidos con materiales muy costosos. Y lo último de todo fue la llegada del niño en concreto que había actuado como su asistente en el banquete, ahora lavado y bien vestido. Por lo tanto, después de haber pasado toda la noche en el terror, recibieron los regalos.
Así fue la celebración de triunfo, o como la mayor parte del público pensó, tal era el banquete fúnebre que Domiciano celebró por los que habían muerto en Dacia y en Roma”

Resulta impresionante la lectura de la cena triunfal de Domiciano, donde la muerte está presente en todo momento, eso sí, con un velo de esperanza y simpatía al final con la entrega de presentes. 

Esta puesta en escena sería la representación de la vida misma, el triunfo igual que viene se va, nada es eterno, hay que disfrutar del momento sin olvidarnos de la pequeñez del género humano, ya sea uno emperador, general,…A su vez, resume y justifica a la perfección una de las acciones que se producían durante la procesión de la Pompa truinfal, cuando el esclavo que sostenía la corona de laurel repetía la famosa frase:

Respice post te, hominem te esse memento 

“Mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre”

Plurimam salutem!